300 páginas

julio 28, 2009

La lectura se vuelve pesada por momentos, pero cuando siento que ya no puedo avanzar más, Foster Wallace saca un conejo debajo del sombrero. Que en realidad no significa que haga mucha magia, sino que se centra en una historia y la cuenta como él sabe hacerlo.

Es extraño tener la sensación de pensar en qué me pasará cuando me siente a escribir luego de acabar la novela. Es como esperar a ver si me dan ganas de plagiar el estilo de Foster Wallace, aunque hasta ahora no me ha pasado, pero probablemente me pase. Hay un tema con las frases largas que me intriga mucho, su manejo de las comas, sí, suena estúpido, pero Foster Wallace tiene un notable manejo de la frase larga, de hecho, sabe colocar tan bien una palabra tras otra que los silencios, las pausas, a veces ni siquiera requieren de una coma.  No sé si me explico. Claramente no me explico, pero es algo que percibo a medida que avanzo en la historia.

Lo último: Sí, la fiesta y ese relato notable de Fresán que citó Antonio: “Señales captadas en el corazón de una fiesta”. Si mi memoria no falla, espero que no, ese relato lo leí en McOndo, y sin duda, pero sin duda era el mejor relato de esa antología, por lejos, lejísimo.  Y, como bien dice Antonio, es inevitable no acordarse de ese cuento mientras  Foster Wallace empieza un capítulo con: “Se puede estar en ciertas fiestas y no estar realmente allí”. Frase para epígrafe de esas noches cuando uno está en esos lugares que no sabe cómo llegó, pero que si sabe cómo salir de ahí.

Último: La familia. La historia familiar de los Incandenza. Cómo va tomando forma, una forma disparatada, desordenada, digresiva, pero va tomando forma.

Diego Zúñiga

Anuncios

Apoyo/Advertencia (5)

julio 28, 2009

Rodrigo Fresán nos mandó su parrafada-remixeada para la sección Apoyo/Advertencia:

“¿Es David Foster Wallace, como algunos creen, el escritor más importante de su generación? Está claro que cuenta con la combinación necesaria de intelecto, talento y ambición en cantidades extravagantes”, se preguntaba primero y se respondía a medias la entrada que le dedicó The Salon.com Reader’s Guide to Contemporary Authors (Penguin, 2000). Y ahí –voluntaria o involuntariamente— estaba todo el dilema y el enigma. El lanzamiento de La broma infinita fue casi similar al que se dedica a vender a un presidente. Campaña bestial de publicidad y marketing para un libro que descendía directamente de títulos como Los reconocimientos de William Gaddis, El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon, El túnel de William Gass y –antes que nada y nadie—del Tristram Shandy de Lawrence Sterne, del Moby-Dick de Herman Melville, de El hombre sin atributos de Robert Musil y de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.

Así, La broma infinita gozó y padeció de una enorme atención mediática y mereció ese particular tratamiento que recibe toda Novela King Kong: el de ser adorada por nativos y celebrada por turistas a la vez que se la abate.

Los turistas dijeron primero “aaaah” y después “aaagh”.

Los nativos, claro, eran aquellos que venían siguiendo a Wallace desde antes, desde su debut novelístico The Broom of the System (de 1987, que continúa inédito en castellano junto al tratado Signifying Rappers: Rap and Race in the Urban Present (1990) escrito junto a Mark Costello; el resto ha sido publicado por Mondadori) y los relatos o micro-novelas reunidas La chica del pelo raro (1989) así como sus formidables ensayos y artículos periodísticos (para muchos lo mejor y lo más influyente y trascendental de su obra) que no demorarían en ser reunidos primero en Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer (1997) y luego en Hablemos de langostas (2005).

Pero La broma infinita fue y sigue siendo uno de esos momentos clave dentro del panorama literario que no es otra cosa que –como la novela de Wallace— el constante eco de un chiste sin final proyectándose hacia el abismo: la vieja y eterna discusión –a eso se refiere Eggers en su introducción– de difícil versus fácil y todo eso. De ahí que no demoraran en aparecer sites de internet enteramente lanzados a la decodificación de la novela, guías de lectura completamente dedicadas a la explicación y simplificación de los múltiples vericuetos del monstruo, y abundaran las polémicas en los medios y vernissages en cuanto a si Wallace era inventivo o, apenas, un invento. Y fueron muchos y demasiados lo que se olvidaron de decir lo más fácil de decir: que la formidable saga casi-futurista estaba muy pero muy bien escrita y que abundaba en momentos emocionantes y sensibles acercando a Wallace a las tierras de Salinger y Vonnegut a la vez que lo consagraban como el mejor estilista y escritor satírico de su generación junto al american psycho Bret Easton Ellis. Y que –tal vez lo más importante de todo para algunos— La broma infinita había sido, seguramente, un libro difícil (entendiendo por dificultad la entrega que le había exigido a su autor) de escribir pero fácil (entendiendo por facilidad el placer que obsequiaba a su lector) de leer.

En una entevista, Wallace –sobrevivido hoy por colegas y amigos en la misma brecha como Rick Moody, William T. Vollmann o Richard Powers— explicó sus intenciones con sintética claridad: ‘Yo tuve un profesor que me caía muy bien y que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmados’.

Misión cumplida”.

Gracias Rodrigo.


200 páginas

julio 28, 2009

Es el tema de la droga y el tema de la angustia. En el fondo es el tema del suicidio, quieranlo o no, el que comienza a recorrer las páginas de la novela. Porque claro, es difícil no pensar en la muerte de Foster Wallace mientras uno avanza por esta historia de Hal y los terroristas de Quebec, mientras se lanzan historias intermedias, familiares, historias que quedan en mitad de camino que hablan de gente adicta y angustiada.

La lista de fármacos es impactante. Abrumadora, cansa, hostiga, por momentos dan ganas de abandonar el viaje, por momentos hace pensar en cómo alguien conocía tantos fármacos, tantos nombres. 

La historia de los hombres en silla de ruedas en notable. Por momentos como ése dan ganas de seguir leyendo la novela, esperando que surjan más instantes como aquellos, resistiendo las disgresiones de Foster Wallace hasta llegar a esos momentos cuando él se detiene y cuenta un instante, una imagen: el padre de Jim contándole del momento en que su vida se jodió, en esa cancha de tenis, es conmovedor. Ahí está , para mí, el mejor David Foster Wallace.

Me sigue apareciendo Wes Anderson en los momentos que se cuenta la vida de estos jóvenes tenistas. Y cuando se habla de drogas, de robos, de violencia, me acuerdo de Transpotting, esa violencia producida por la angustia de no poder conseguir dinero para continuar drogándose. El descontrol, la tristeza, la soledad.

Avanzo lentamente. Cuando comenzaba la lectura de la novela, estaba terminando Postales de invierno de Ann Beattie. Aún creo que estoy encerrado en ese mundo de los setenta, en esos personajes que conducen por calles nevadas, mientras buscan en la radio alguna canción de Dylan: esperan el lanzamiento de su último disco, lo esperan ansiosos y buscan en las radios. El disco es el Blood on the tracks.

Me pregunto si Foster Wallace habrá leído a Ann Beattie, si habrá leído Postales de invierno y se habrá conmovido. Una novela de los setenta. La broma infinita como  la novela de los noventa.

Diego Zúñiga


500 páginas

julio 28, 2009

Palabras, anotaciones, digresiones luego de sortear la página 500 del Moby Dick posmo conocido como La Broma Infinita:

– Ya, recién a estas alturas, se puede tener cierta certeza de responder la siguiente pregunta: ¿de qué trata LBI? Da la sensación de que DFW ya puso sobre la mesa todas las presentaciones de personajes, territorios, tramas. Y que lo que viene ahora es el desarrollo de todo eso. Esa sensación, claro, puede ser engañosa.

– Otro de las locaciones que se cuenta en LBI es la casa de rehabilitación Ennet House, ubicada en Boston. Ahí es donde está Joelle Van Dyne y, en este tramo de la lectura, donde se han desarrollado varias historias breves. Historias muy a la Chuck Palahniuk. Difícil olvidar, por ejemplo, la de la Cosa; una niña con problemas físicos que es violada por su propio padre quien, antes de acercársele y tocarla, le pone una máscara de Raquel Welch.

– Otro de los personajes de la Ennet House es Gately, quien es adicto al demerol. Justo semanas después de que Michael le dedico una canción al demerolJackson muere.

– Pensar y leer desde la página 400 a la 500 en LBI como una novela de ciencia ficción. Algo a lo Ballard pero con mucho, mucho humor. Estados Unidos, México y Canadá arman un nuevo eje socio-político; la ONAN. El presidente es John Gentle un gringo (obvio) y ex crooner, quien tiene el foco de su mandato en la basura. De hecho: gran parte del territorio de la ONAN está siendo usado para desechos y basura en un sitio denominado la gran Concavidad. Esta parte de la trama, entonces, se une con lo de los terroristas y de ahí el porqué se anuncian a los grupos separatistas de Quebec en un principio.

– A todo eso, súmele que en un momento la TV se acaba. Sí: la TV se acaba. Notable. Notable parte en que el lector asiste al derrumbe de las 4 cadenas más grandes de TV estadounidense. ¿Consecuencia? “…subieron los índices de delincuencia doméstica, así como los de suicidios, alcanzando unas cifras que arrojaron sombras sobre el penúltimo año del milenio”. Y aquí es donde se lee nuevamente acerca de InterLace TelEntertainment. Empresa que ya se ha mencionado varias veces en lo que va de la lectura y que son los encargados de proveer el nuevo tipo de entretenimiento; unos cartuchos de los cuales ya hablaré.

Sería x hoy.

Antonio Díaz Oliva


Mencionan a este blog…

julio 28, 2009

El gran Alvy Singer menciona este noble proyecto:

El verano infinito por la red (de gente más o menos inteligente, claro): Invierno Infinito de Diego Zuñiga y Antonio Díaz Oliva y en el Lamento de Portnoy. Yo estoy leyendo con pasión a Susannah Clarke y Audrey Nieffenneger. ¿Una reacción popper ante este revival del barroco declarado de la posmodernidad literaria norteamericana?”

Gracias Alvy.


Apoyo/Advertencia (4)

julio 27, 2009

Alberto Fuguet nos manda su Apoyo/Advertencia:

“Hey ADO:

Creo que es una broma leer La Broma…

Pero nada, me parece genial. Claramente eres joven”

Gracias Alberto.

400 páginas

julio 27, 2009

Primero: muchas gracias a la gente que ha comentado en lo que va de esta lectura infinita.

Segundo: al parecer, es una época en que varios leen LBI. Vean El Lamento de Portnoy y el blog Balada del elefante azul.

Tercero: anotaciones después de (sobre)pasar las 400 páginas:

– Más tenis al principio. Seguimos con la Academia Enfield de Tenis (AET). Más jóvenes a la Rushmore. Lectura apacible, controlada.

– Se cuenta el porqué Orin Incandeza se pasó del tenis al fútbol americano. Y el momento en que se enamora de Joelle Van Dyne.

– También: el momento en que Avril Incandenza sabe que está embarzada de Mario (el segundo de los tres hermanos). Y la consiguiente descripción de Mario Incandenza; su piel extraña y su actitud reptilesca. De los 3 hermanos, creo que me quedo con Mario, porque es el más anómalo (si es que se puede poner anomalía y familia Incandenza en la misma frase, por supuesto). Dicen las teorías que el principal –o sea Hal Incandenza— vendería a ser el alter ego de DFW. Vaya a saber uno.

– Leo brevemente sobre los terroristas que están perdidos en el desierto: Marthe y Steeply. De vez en cuando se menciona a otro personaje de apellido Steeply, pero es una periodista que quiere hacer unas entrevistas acerca de James Orin Incandenza (el papá de los 3 Incandenza, el de las películas friks). Mi sospecha es que esa periodista Steeply, es el mismo Steeply pero travestido. Aún no corrobora nada, aunque todo parece indicar que así sea, ya que cuando se habla de los terroristas se dice que Steeply anda vestido de mujer o algo por el estilo.

– Una frase que rescato:

“¿Qué diferencia hay, por el amor de Dios, si produces un placer grabado tan entretenido y divertido que es mortal para la gente, encuentras una copia capaz de ser reproducida y la diseminas para que nosotros elijamos verla o rechazarla, y si nosotros no podemos elegir resistirnos y optamos por ese placer en vez de vivir?”

– A fin de cuentas, y en varios niveles, de eso trata LBI: Una broma que nos hace reír infinitamente, hasta la muerte. Y si existiese eso, qué preferirías: ¿sacarte la duda, ver la broma y morir riendo?, ¿o morir-vivir con la duda, sin nunca resolverla?

– La explicación del deporte conocido como Escatón. Una de las partes, uf, más difíciles de la novela. Pero algo conseguí entender y, además, la intención de DFW era claramente que uno, el lector, no entendiera del todo. Como sea: el Escatón es un juego que se practica en la AET. Cito: “…se necesitan de 8 a 12 personas, con 400 pelotas de tenis tan peladas y gastadas que ya no se puedan usar (…), además de un terreno igual al área de 4 pistas de tenis contiguas, además de una cabeza ágil para la recuperación de datos y la cognición fríamente lógica, junto con no menos de 40 megabytes RAM y una gran variedad de objetos tenísticos”.

– Eso, claro, es sólo el inicio del Escatón. Luego los jugadores se dividen en grupos que, a su vez, representan ejes socio-políticos. Ejemplo: SUDAF (Sudáfrica) o IND-PAK (India + Pakistán). Y se tienen que lanzar las pelotas, además de los megabytes RAM de una forma que ya no recuerdo del todo.

Antonio Díaz Oliva

pd: hoy ha salido un artículo mío. no tiene que ver con DFW; es sobre Finca Vigía, la casa de Hemingway en Cuba. Acá el link.